Literatura a la mexicana
Meses atrás, durante una plática con un profesor de novela que tuvimos, nos hizo una pregunta que nos dejó patinando (por lo menos a mí): ¿Qué futuro pueden esperar ustedes, en caso de publicar, si en México difícilmente se buscan novedades?
Claro que tiene razón. Tiempo atrás compré un libro que me llamó la atención por el título, El molinero Aullador, por la nacionalidad del autor, ya que es difícil obtener noticias de la literatura de por aquellos rumbos del planeta, Arto Paasilina, nacido en Kittila, Finlandia, en 1942; por supuesto también, por ser de Anagrama. Alguien por ahí dice que esa casa editorial es garantía y acertó.
El libro es completamente divertidísimo. Es un crítica a la sociedad, la cual vive temerosa de todo aquel que a sus ojos no es normal, es decir, que es distinto a la media y cómo es que castiga dicho pecado, por lamarle de alguna manera.
Tuve la osadia de invertir en un libro caro, para mi bolsillo lo es, bajo el riesgo de no quedar satisfecho, dejando así en entre dicho la frase de aquel que dijo que Anagrama es garantía.
Ahora bien, si yo, que soy un lector, digamos regular, salvo raras excepciones compro novedades, qué podemos esperar de la media de la población, que a nivel mundial, tiene el más bajo índice de lectura per capita.
Claro que entonces nunca reparé en lo que estaba haciendo, pero cuando nuestro profesor hizo la fatídica pregunta, no pude evitar remitirme al libro de Paasilina. Lo cual me llevó a pensar también que, para que alguien se arriesgue a comprar mi libro, cuando éste se publique, tendría que editarlo una compañía editorial como Anagrama, Tusquets o Alfaguara. Casi cualquier título de esas editoriales son de fiar.
No descarto a las pequeñas casas editoriales, de las cuales he comprado libros, pero por recomendación. Lo cual tendría que suceder también con mi libro, el cual sería más factible de publicarse en un sello pequeño, no por la calidad de mi escrito, sino por la situación que actualmente prevalece en las casas editoriales. Sobre todo las "grandes".
El mentado libro del que les hablo, aún no lo es propiamente dicho. Hacen falta muchos detalles, pero escrito ya está.
Así pues, me despido.
Espero contar con su presencia en mi próximo escrito.
Claro que tiene razón. Tiempo atrás compré un libro que me llamó la atención por el título, El molinero Aullador, por la nacionalidad del autor, ya que es difícil obtener noticias de la literatura de por aquellos rumbos del planeta, Arto Paasilina, nacido en Kittila, Finlandia, en 1942; por supuesto también, por ser de Anagrama. Alguien por ahí dice que esa casa editorial es garantía y acertó.
El libro es completamente divertidísimo. Es un crítica a la sociedad, la cual vive temerosa de todo aquel que a sus ojos no es normal, es decir, que es distinto a la media y cómo es que castiga dicho pecado, por lamarle de alguna manera.
Tuve la osadia de invertir en un libro caro, para mi bolsillo lo es, bajo el riesgo de no quedar satisfecho, dejando así en entre dicho la frase de aquel que dijo que Anagrama es garantía.
Ahora bien, si yo, que soy un lector, digamos regular, salvo raras excepciones compro novedades, qué podemos esperar de la media de la población, que a nivel mundial, tiene el más bajo índice de lectura per capita.
Claro que entonces nunca reparé en lo que estaba haciendo, pero cuando nuestro profesor hizo la fatídica pregunta, no pude evitar remitirme al libro de Paasilina. Lo cual me llevó a pensar también que, para que alguien se arriesgue a comprar mi libro, cuando éste se publique, tendría que editarlo una compañía editorial como Anagrama, Tusquets o Alfaguara. Casi cualquier título de esas editoriales son de fiar.
No descarto a las pequeñas casas editoriales, de las cuales he comprado libros, pero por recomendación. Lo cual tendría que suceder también con mi libro, el cual sería más factible de publicarse en un sello pequeño, no por la calidad de mi escrito, sino por la situación que actualmente prevalece en las casas editoriales. Sobre todo las "grandes".
El mentado libro del que les hablo, aún no lo es propiamente dicho. Hacen falta muchos detalles, pero escrito ya está.
Así pues, me despido.
Espero contar con su presencia en mi próximo escrito.


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